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8 junio, 2011 Dejar un comentario
Cuando a uno tiene vértigo y, en su lucha interior opta, casi inconsciente, por ascender hasta una cumbre, su cumbre, se aferra fuerte a la baranda, a un clavo ardiendo si hace falta, para superar sus miedos y coronar sus límites. Límites que no son tales si la cima era solo una cima figurada en su camino, sendero que por otra parte no tiene un fin, sino que es el recorrido en sí el que se convierte en la propia meta. El destino es dar cada paso, ya que hacerlo significa seguir en marcha, no detenerse, ni siquiera para ganar.
Con lo fácil que habría sido no hacer metáfora, ¿verdad? Las nuevas oportunidades acojonan. “Se te va a quedar grande“, “¿tú solo?”, etcétera. Todo eso contra el “tú puedes”, “enhorabuena” o “te lo mereces”, que también acojona, a su manera.